Cartagena, ni infierno ni paraíso

Muchas veces he podido comprobar como el mismo lugar puede generar sensaciones contrarias en las personas. Todo depende en gran parte de nuestro bagaje cultural, nuestro pasado, nuestras expectativas, entre otras cosas. El ejemplo con el que vengo esta vez es la ciudad de Cartagena de Indias, un lugar que para algunos resulto ser un infierno mientras que otros lo describen como paradisíaco.

¿Que sensaciones nos dejo a nosotros? te invitamos a descubrirlo aquí:

Llegando a Cartagena

Un golpe de humedad nos recibe

Sabia que estábamos viajando al Caribe, mi mente sabia ese dato pero como que no estaba preparada para el “golpe”. Ese golpe que llega justo en el momento en el que se abre la puerta del avión. Apenas llega ese momento y parece como si el aire se escapara, la humedad era bastante, el cambio de Bogota a Cartagena fue brutal. Apenas bajamos las escaleras del avión y comenzamos a caminar hacia la banda de entrega de equipaje y ya comencé a sudar, la otra consecuencia de una alta humedad. Ni modo.

En cuanto abren la puerta del avión, se siente que el aire se escapa

En cuanto abren la puerta del avión, se siente que el aire se escapa

Sensación de ser la presa

Salimos del aeropuerto para tomar el autobús urbano que nos dejaría cerca de nuestro hotel. Apenas salir de la zona del aeropuerto y ponernos en la calle en la cual esperábamos el autobús cuanto taxi pasa nos pita, nos pita y nos pita. Yo ya ni volteaba a verlos, fueron unos momentos muy incómodos en los cuales me sentía como un pedazo de carne y que los leones nos rondaban . Muy desagradable. Cuando por fin paso el autobús nos subimos, difícilmente con las maletas, pagamos y comenzamos a andar. Como no sabíamos exactamente donde bajarnos preguntamos a la gente los cuales amablemente nos dijeron cuando llegamos al monumento de la India Catalina. Ahí estaba la entrada a la ciudad amurallada que era donde se encontraba nuestro hotel.

El aire soplaba pero no daba alivio ya que traía arena consigo, o al menos eso era lo que yo sentía. Por suerte nuestro hotel estaba muy cerca del lugar donde nos bajamos y sentí un gran alivio al entrar al lobby. Ya no tendría que cargar con la mochila e ingenuamente pensaba que así ya pasaríamos desapercibidos y no seriamos mas las “presas”.

Este fue el autobús que nos llevo a nuestro destino

Este fue el autobús que nos llevo a nuestro destino

Primeras impresiones de Cartagena

Después de dejar las mochilas en el hotel, una vez que di por terminada la sensación de “presa” que tuve al llegar decidí hacer borrón y cuenta nueva para que ese mal momento no influenciara mi visión de la ciudad. Nos fuimos a caminar para buscar algo delicioso para comer.

Pero justo di dos pasos fuera y lo primero que vi fue a un señor, que estaba probablemente pintando porque se veía un andamio, el cual interrumpió su trabajo para “posar” ante una ventana para un turista que le tomaba la foto. Ya me imagino que le daría una propina y que después presentaría la foto como el retrato de la gente del lugar como les gusta hacer a muchos. Capaz que hasta aparecería en una revista, quien sabe. Lo único que pude pensar al ver esa escena fue “cuanta falsedad”. Esa fue la sensación que me dejo.

Al caminar, cuanto carruaje que pasaba nos llamaba para utilizar sus servicios “no gracias” contestábamos. Ya después de 10 veces optamos por no contestar nada.

Llegamos al restaurante, nos sentamos dentro para aprovechar el aire acondicionado pero en la ventana para apreciar la vista. Error. En la ventana, aun habiendo un cristal de por medio, fuimos abordados por cuanto vendedor paso. Lo mismo, decíamos que no las primeras veces, después ya ni volteábamos a ver. Consejo a todos los vendedores: cuando uno esta comiendo NO quiere comprar nada.

Después de la comida regresamos al hotel ya que necesitábamos lavar ropa así que fuimos a la lavandería que no quedaba muy lejos.

El atardecer fallido en el malecón

Una vez que dejamos nuestra ropa para lavar, vimos que nos encontrábamos muy cerca del malecón así que caminamos por el borde de la ciudad amurallada. En esa área pensamos que no podría salir nada mal. No fue así. El mismo espectáculo de “posa para la foto que venderé como natural” sucedió. Ya había divisado a un grupo de chiquillas con su lindo uniforme escolar platicando, no niego que la imagen era muy bonita y yo les tome foto a la distancia para quedarle con una silueta de la escena, pero no les hable, ni me acerque porque no quería ser el “turista mas” que disturba a los locales. Después vi como un chico que venia en un grupo, encima tomando cerveza, muy quitado de la pena les dice que foto y ellas posan. De nuevo tuve la sensación de falsedad.

Volteaba a mi alrededor y me encontré con una rubia (no quiero asumir que era estadounidense aunque creo que era muy probable) ahí en el borde de la ciudad amurallada, o sea en plena vía publica tomando cerveza también. No se, me pareció muy falta de respeto al lugar.

En eso veo a una familia de turistas que pasa y se toma fotos con el paisaje, ya me sentí mejor, comenzaba a tener la sensación que había puro “turista del tipo spring break o borrachales” de esos que van a otro lugar y quieren hacer lo que no pueden hacer en sus países. Tuve alivio al ver a gente que obviamente no caía en ese perfil justo en ese momento en el que me sentía rodeada de los otros especímenes.

Como ya estaba cayendo el sol decidí quedarme a esperar a que se consumara el atardecer. Aproveche para hacer varias tomas del sol, de algunas quede contenta de otras no tanto. Así paso el tiempo pero cuando llego el momento de que el sol se pusiera simplemente desapareció entre las nubes 🙁 así que no hubo atardecer espectacular. Ni modo.

Al proseguir nuestro camino me encontré con unos chiquillos que venían muy contentos y estaban uniformados, intuí que acababan de ganar un partido de fútbol. Se estaban tomando una selfie y yo les tome foto pero no me salio bien, creo notaron mi cara de tristeza porque ellos mismos me dijeron que se tomarían otra foto así les podría tomar yo foto ha ha ha yo no me hubiera atrevido a pedírselos. Y les tome la foto 🙂 salio muy linda y son de esas fotos que guardo para mi porque no me gusta publicar fotos donde se les ve la cara a los niños. Después viendo la foto con detalle me di cuenta que sus uniformes decían “Risaralda” el departamento al que nos dirigiríamos en breve para visitar el Eje Cafetero.

Caminando en la noche

Seguimos caminando por las calles de la ciudad amurallada. Ese día no tenia intenciones de salir fuera a pesar de que en ese momento tenia claro que en el lugar en el que me encontraba se pagaba el precio de las calles bonitas convirtiéndose en un “peso con patas” ya que así sentía que me veían algunos. No tardo en llegar otro momento “presa” cuando me encontré frente a mi a una señora de esas que parece de calendario, traía un vestido llamativo y su plato lleno de frutas en la cabeza mi imagen se cayo al suelo cuando al verme lo único que me dijo fue “la foto” o sea dijo LA FOTO ni siquiera intento venderme un jugo o una fruta. Sentí muy feo. Seguimos caminando.

Al llegar a una de las plazas del lugar vimos a un grupo bailando y el ambiente estaba muy animado. Por un instante nadie nos pidió nada y pudimos admirar el espectáculo. Pero el gusto duro poco, ya que comenzaron a llegar vendedores a querernos enjaretar unos instrumentos musicales, todos hacían el mismo sonido cada vez que se acercaban y resultaba tan desagradable que nos fuimos a buscar algo de cenar y en eso quedo el primer día en Cartagena.

Impresiones de Cartagena ¿Infierno o Paraíso?

Ya sabia que la zona de la ciudad amurallada seria muy turística, me había preparado mentalmente a eso. Pero creo que no fue suficiente, la sensación de ser una “presa” constantemente me molestaba y me hizo sentirme desagusto. Que las casas están pintadas muy bonitas y hay muchas flores, si, pero si a cada momento te están queriendo vender algo es bastante molesto.

Mi impresión de Cartagena, al menos la primera, no fue precisamente de un paraíso. Tampoco fue un infierno. Simplemente fue una “trampa para turistas”. 

Decidí darle una oportunidad mas a la ciudad, un día mas, en el cual me dedicaría a buscarle su lado auténtico. Tanto dentro como fuera de la muralla.

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