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Cumpleaños en Japón

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Este 2020, por obvias razones, no podré ir muy lejos por mi cumpleaños. Pero esta vez les quiero platicar, sobre lo que fue mi celebración en país del sol naciente. Esta vez no les daré un itinerario preciso, si no más bien les contaré como celebré mi cumpleaños en Japón.

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Cumpleaños en Japón – Primera parada: Osaka

Por primera vez aterrizábamos en Osaka, las mayoría de las veces hemos llegado a Japón por Tokio. Así que esto ya era una novedad, me encantó que nada más llegar, las figuras de Hello Kitty y Pikachu nos recibían, tenía una rara sensación de haber llegado a un lugar que, aunque suene extraño, ya lo siento familiar. Lo sé, es raro de decir, la cultura nipona esta muy lejos de mi cultura latinoamericana, no sé explicarlo pero en Japón me siento bien, aunque no he experimentado el vivir ahí, así que se que debo tomar ese sentimiento con pinzas.

Al llegar, hicimos una toma de contacto con la ciudad, no muy extensa ya que estábamos muy cansados por el maldito jet-lag. Eso sí, no pude evitar darme una vuelta por la tienda de Don Quijote que estaba ¡justo debajo de nuestro hotel! (y sí, ese fue un criterio de selección del hotel, que además era muy bonito).

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Después de una noche reparadora, al siguiente día estábamos listos para explorar la ciudad. El día no era muy lindo, más bien bastante gris, pero eso no nos iba a detener. Nos fuimos al edificio Abeno Harukas, muy alto y que teníamos justo al lado del hotel. Ahí nos quedamos un buen rato, nos tomamos fotos con la mascota el “abeno bea” y nos relajamos con las vistas de Osaka.

Al comprar los recuerditos en la tienda del Abeno Harukas, vimos unos imanes de comida y me llamó la atención uno de unas brochetas que lucían muy ricas. Después de investigar un poco, nos dimos cuenta que se trataba de un kushikatsu. Nos fuimos al barrio de shinsekai para comerlos en un local diminuto, me encantaron. De ahí, seguimos con las torres, esta vez una menos alta pero mucho más antigua: la torre Tsutenkaku, en donde descubrimos una deidad que es admirada por muchos, a pesar de que es sabido que es una deidad fabricada en Estados Unidos.

La torre Tsutenkaku en Shinsekai

En el barrio de Shinsekai hay varios locales con maquinitas y vimos uno, vacío, que invitaba a entrar, ahí tenían una maquinita con el juego Street Fighter II. Uy no pude resistirme a jugar, me eché una partida y gané a varios del juego y reviví un poco mis tiempos de la secundaria donde jugaba a ese videojuego prácticamente a diario. Creo que, en su tiempo, pude ver el final de todos los personajes.

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Después nos fuimos al hotel y cenamos en un restaurante de sushi giratorio, en el centro comercial frente al hotel. Tengo que decir, que sentí un poco de estrés, cuando tuvimos que esperar a que nos llamaran con el numero de nuestro ticket, en ese momento ya podía entender algunos de los números, pero no todos. Afortunadamente si nos dimos cuenta cuando nos llamaron. Y así terminó el día.

La jornada que siguió nos daba un día más bonito, eso sí, frío, pero eso no nos detuvo. Nos fuimos hacía el templo Shitenno-ji, y para ello pasamos por un parque, en el que pude tomarme fotos con las letras de Osaka. Al llegar al templo Vicente empezó a sentir malestar estomacal, así que el se quedó fuera sentado para descansar un poco, mientras yo lo visité.

De ahí nos fuimos al castillo de Osaka, fue una visita difícil, ya que estaba lleno de gente, pero nos gustó a pesar de ello. Eso sí, al terminar esta visita, tuvimos que volver al hotel porque Vicente se sentía aun mal. Esperábamos que se sintiera mejor el siguiente día, ya que teníamos el plan de visitar el parque de Naruto. De hecho esa noche el se quedó en el hotel, no podía cenar. Yo me fui a cenar de nuevo, en el restaurante de sushi giratorio.

Un nuevo día y una gran interrogante, ¿podríamos ir? por suerte sí, Vicente ya se sentía bien. Ahí vamos corriendo a tomar el autobús que nos llevaría al parque de Naruto, todos los elementos se combinaron para que esta visita fuera, no divertida si no lo que le sigue: no había casi nadie y la decoración era preciosa. Todo para los fans de la serie. Tomé fotos hasta el cansancio de todos los personajes, pero tengo que decir que mi favorito fue Itachi 😀

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Para terminar ese día, al volver a Osaka, nos fuimos a buscar un café de Gudetama, que había en la ciudad ¡OH NO! cuando llegamos vimos con tristeza que había sido reemplazado por otro personaje de Sanrio, encima ni siquiera lo pudimos visitar ya que estaba por abrir sus puertas con el nuevo personaje y así terminamos la jornada, el siguiente sería nuestro último día en Osaka y me habría gustado quedarme más tiempo.

En nuestras ultimas horas en Osaka, nos fuimos a visitar los santuarios de Sumiyoshi Taisha y Namba Yasaka (que tiene una enorme cara) y de ahí nos fuimos a Namba para comernos unos ricos takoyaki (unas bolitas de harina con pulpo adentro). Paseamos por la avenida dotonbori y se veía bastante gente, cuando de repente que veo una enorme rueda de la fortuna: era una tienda de Don Quijote con una rueda de la fortuna O_O obviamente teníamos que visitarla. Ahí fuimos, de nuevo pudimos ver Osaka desde las alturas.

El reencuentro con Kioto

Cuando tomamos el tren que nos llevaría a Kioto, fue el turno de mi estómago de empezar a sentirse mal, esta vez me tocó quedarme en el hotel sin cenar y Vicente salió solo a buscar de comer. Ni modo. Esperaba sentirme bien al siguiente día, para poder aprovechar al máximo de nuestro regreso a Kioto. Por suerte el nuevo día me trajo un estómago bien portado, así que nos fuimos a explorar un lugar que no habíamos podido ver la vez anterior que estuvimos en Kioto.

Nos fuimos a la Kyoto station para tomar un tren local que nos llevaría a Arashiyama, el objetivo era ver el bosque de bambús, muy bonitos. Eso sí, había muchísima gente, aunque buscando buen nos encontramos con varios templos donde podíamos admirar los bambús con más tranquilidad. Terminamos el día comiendo unos ricos fideos soba.

Al siguiente día, nada más salir del hotel y pudimos constatar que el día era gris, pero no importaba, nos fuimos al templo Tō-ji donde los árboles pintaban de anaranjado el paisaje y compensaban la falta de colores en el cielo. En el recinto hay una pagoda muy fotogénica y en el camino una señora muy amable nos ofreció té, que felicidad poder aceptarlo sin miedo. Gracias al hecho de haber estado en Japón en ocasiones anteriores, podíamos ya saber que no habría una mala sorpresa después. Disfrutamos el té y agradecimos. Hasta dudé en comprar las bolsitas, pero al final no lo hice.

Para la hora de la comida, nos fuimos a un centro comercial cercano y disfrutamos unos ricos sukiyaki, después tomamos el autobús urbano pero nos equivocamos de dirección y tuvimos que bajarnos y tomar otro XD ni modo, no teníamos prisa. Nos dirigimos al área de tiendas, pero lo que iba buscando principalmente era un templo que tenía un goshuin muy bonito para mi colección. Lo malo es que al equivocarnos de dirección con el transporte, al llegar estaba ya cerrado. Ni modo. Entonces seguimos con templos, pero del consumo hehehe, me metí a una tienda de Hello Kitty donde no me resistí y compré varios objetos de uno de mis personajes favoritos de Sanrio: gudetama.

Para terminar el día, nos fuimos a buscar un minúsculo restaurante que nos había encantado en la vez anterior que visitamos la ciudad. Pequeño problema: la habíamos visitado 6 años antes, así que era probable que ya no existiera. Pero nos equivocamos, no solo existía, si no que era casi IGUAL que cuando lo visitamos y los platillos eran los mismos, de hecho pocas opciones pero sabrosas: tsukemen siendo el platillo estrella. Delicioso. Terminé el día muy contenta.

El día del reencuentro

Y llegó el día, un año más de vida, cuatro décadas. Ese día era mi cumpleaños y estaba en Japón. Para celebrarlo, el momento de un reencuentro había llegado: fushimi inari. La vez pasada que lo habíamos visitado nos quedamos a la mitad, no pudimos seguir, más bien yo no pude, me dolían las rodillas y ni modo desistimos de llegar hasta arriba.

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Esta vez, después de haberme operado de las rodillas y siendo capaz de subir las interminables escaleras, pudimos llegar a la cima del santuario. Seguimos ese interminable camino lleno de torii, puertas sagradas y pudimos decir: misión cumplida de este cumpleaños en Japón. Sí, tuve dolor de piernas por la subida, pero no es lo mismo un dolor de esfuerzo físico al dolor de las rodillas desmadradas.

Después de comer en uno de los restaurantes cercanos a la estación de trenes de Kioto, las opciones son enormes, nos fuimos a Gion para pasear y terminamos en un Starbucks, el mismo que habíamos visitado en nuestra ocasión anterior en la ciudad. Al seguir caminando por Gion, me encontré con el Gion corner y viendo la hora me doy cuenta que el espectáculo comenzaba dentro de poco más de una hora. Le dije a Vicente que quería verlo, no lo teníamos planeado, pero al verlo ahí no pude resistirlo: por fin podría ver una maiko, una de verdad, bailando.

Los que han leído nuestra experiencia de “un día usando kimono” y “kimonos de boda“, han de saber que mi obsesión por los kimonos y las maiko/geisha vienen de que de niña vi la telenovela “El pecado de Oyuki” con Ana Martin, puede que mi gusto por Japón y sus templos viene de ahí 🙂 o contribuyó grandemente.

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Y así terminó un día de cumpleaños en Japón: lleno de emociones, celebraciones. Recibí mis cuatro décadas con mucho gusto.

Foto con la maiko, que linda
Foto con la maiko, que linda

Despedida de Kioto

Para despedirnos de Kioto, no podía ser de otra manera, visitamos un templo. Nos dejamos el que estaba cercano al hotel: el Higashi Hongan-ji. Un templo sobrio, enorme, el cual visitamos pacíficamente. No había grandes aglomeraciones ni nada por el estilo, muy calmado todo. Después de esto, fuimos por nuestras maletas al hotel y nos dirigimos a tomar el Shinkansen que nos llevaría hacía Tokio.

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Como si fuera otro regalo de cumpleaños en Japón, durante el trayecto ¡pudimos ver el Monte Fuji!

@charcotrip

El monte Fuji ❤️❤️❤️ siempre un placer poder verlo 😊😊😊 (porque muchas veces no se deja ver el malore 😂) ##viajar ##travel ##travellife ##japon ##fuji

♬ READY STEADY GO – L’Arc-en-Ciel

Hola de nuevo Tokio

Para este viaje de cumpleaños en Japón no podía faltar Tokio, un lugar donde no teníamos ningún plan. Solo nos dejaríamos llevar y esto nos llevó a reencontrarnos con un “ramen infernal” de Ikebukuro, lo de infernal viene del hecho de que tienen una receta que es mega enchilosa y el plato es rojo para diferenciarlo de los otros que sirven en el local: buenísimo.

En cuestión de compras, nos fuimos a tiendas ya conocidas como la Donguri de la SkyTree, Tokyu Hands o la Don Quijote. Sin olvidar, claro esta, Akihabara.

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El último día en Tokio, nos fuimos a una linda cafetería donde literalmente nos comimos a Totoro. Esos pastelitos eran tan bonitos, que me fue difícil destruirlos, pero estaban hechos para eso.

Y así terminó este viaje de cumpleaños en Japón, hoy en día desconozco cuando podremos volver a este país, pero tengan por seguro que cuando sea posible ahí estaremos de vuelta. Por ahora, lo único que queda es agradecer que hemos podido visitarlo varias veces y que cada vez que regresamos, nos traemos un montón de bonitas experiencias en un lugar tan diferente a lo que conocemos, pero donde muchas cosas se sienten ya familiares.

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