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Siguiendo los pasos de la reina en el Yate Britannia

Visita al Yate Real Britannia en Edimburgo. Te contamos lo que se puede visitar, cuanto cuesta, cuanto dura la visita.


El primer monumento que visitamos en Edimburgo: el Yate Britannia, un lugar único en su género, al menos que esté abierto al público, un yate real. Nos fuimos a seguir los pasos de la reina del Reino Unido. ¿Nos acompañan?

Bienvenidos al Yate Britannia

Información para Visitar el Yate Real Britannia

¿Cuánto cuesta?
La entrada cuesta 15 libras. También se encuentra incluido en el pase turístico “Edimburgo Real” que se puede adquirir en la tienda Visit Britain

¿Se pueden tomar fotos?

¿Cuáles son los horarios?
De 10:00 AM a 4:00 PM (nosotros fuimos en mayo, hay que fijarse en otras temporadas, ya que los horarios varían un poquito)

¿Como llegar?
Tomar cualquiera de los autobuses urbanos que tienen como última parada la “Ocean Terminal” y si tomas los autobuses turísticos utiliza el “Majestic tour” para llegar acá.

Un buen detalle: con la entrada se encuentra incluida una audioguía, la cual existe en varios idiomas, entre ellos español y francés, se convierte en un amigo inseparable a la hora de realizar la visita, ya que cuenta muchas historias de los lugares que vamos viendo.

Me sacó de onda, pero para entrar en el yate hay que pasar por el centro comercial, o sea hay que entrar en el. Una vez que pasamos algunas tiendas vimos los letreros que nos indicaban de subir varios pisos y ahí estaba la venta de boletos y la entrada al Yate Britannia.

Recorriendo el Yate Real Britannia

En nuestro caso el recorrido duró unas 4 horas, me sorprendí de lo mucho que había para ver. Les doy el tiempo que tardamos nosotros como referencia, como siempre, la duración de la visita dependerá de que tanto nos detengamos en cada lugar. En este tiempo estoy incluyendo una parada que hicimos para tomar té “real”. Sin más preámbulos los dejo con este “recorrido por los lugares de la realeza británica”.

El recorrido empieza en el área desde donde se maneja el barco, ahí tenemos la silla del capitan y el timon. En la parte de atrás de esa parte hay una cabina con muchos mapas y todo eso hacía que me imaginara un poco los estresantes momentos que se habrán vivido ahí, tratando de que todo estuviera bien para los pasajeros de la realeza que este yate acostumbraba llevar por el mundo.

Seguimos recorriendo y llegamos a un lugar donde hay una enorme recámara, pero no solo eso, hay un escritorio, mini comedor y el único baño con tina que vi en todo el yate (los de la realeza no los vimos). Se trataba del área del capitán y la diferencia conforme vería las habitaciones de los otros tripulantes (excepto la realeza) del yate sería grande. Por cierto, en el escritorio del capitán había un tierno osito, el cual en ese momento creí que era del capitán.

En el Yate Britannia, la visita está muy bien indicada y nos va diciendo por donde seguir y en un momento dado estábamos de nuevo en la parte exterior del barco y nos encontramos con algo que me deja un WOOOOW ¡el Rolls Royce de la reina!, es enorme, obviamente este modelo que veíamos aquí está jubilado y en exhibición para nuestro beneplácito, no es que me encuentre con muchos RR todos los días. Nuestra audioguía nos habla de la particularidad de las ventanas de esa área, la verdad no hubiera notado nada si no me lo hubieran dicho, en esa área las ventanas están mucho más altas de lo normal para darle privacidad a la familia real y evitar encuentros entre la tripulación y los pasajeros.

Rolls Royce


El área de la familia real

Y llegamos al área en donde la familia real podía pasar el tiempo reunida con “menos protocolo” por decirlo así. Hay una salita en la cual se ven juegos de mesa, y de nuevo me encuentro con el tierno osito del escritorio del capitán (también lo vi sentado junto al rolls royce). Justo después pudimos ver las habitaciones de la reina y el duque de Edimburgo (sí, tienen habitaciones separadas). A diferencia de ellos, la habitación que era de Carlos y Diana si tenía una cama matrimonial (que usaron para su luna de miel). Y ahí de nuevo me encontré con el tierno osito husmeando en las habitaciones.

Un poco de té real

Después de recorrer los aposentos reales teníamos la opción de continuar visitando o detenernos en el “tea room” que si bien es parte del barco ahora funciona como cafetería y restaurante. Suponíamos que sería algo caro, pero nos dijimos que esta era la única ocasión en la que podríamos tomar el té en yate de la reina de Reino Unido, bueno, en realidad Vicente fue el que tomo un té y yo pedí un capuccino. La sorpresa cuando me lo trajeron tenía un yate pintado en la espuma, ohhhh dolía deshacerlo, además “tirando la casa por la ventana” pedí un pastelito de limón. Delicioso. Cuando llego la cuenta el “golpe” fue de 12 euros. Pasamos un momento de descanso agradable, así que desquitó el precio (hay que decir que la visita del Yate Britannia cansa los pies).

Comedores y el wombat en la lampara

Uno de los lugares que visitamos después fue un pequeño salón en el cual se juntaban los “caballeros” los cuales tenían un juego llamado ‘Wombat Tennis’ que consistía en aventar un peluche de wombat hacia el techo de un lado de la habitación y de regreso. La particularidad de ese wombat es que fue donado por una de las damas de compañía de la reina, oh oh oh y como terminó el pobre, eso si, después de cada partido, pasaba por una reparación profunda.

Contiguo al salón hay un comedor en el cual la tripulación de alto rango comía con los miembros de la familia real. Pero este comedor no se compara con el enorme comedor que veríamos a continuación, donde la familia real recibía a distintas personalidades del mundo. En la actualidad se sigue usando el comedor para eventos privados y pudimos ver como cada lugar tenía una tarjeta con un nombre y el menú puesto. Wow con mis modales en la mesa creo que me sentiría algo incómoda ante tantos comensales.

En nuestro camino nos topamos también con el área de cocina y casi salto cuando ¡veo pasar cocineros de verdad!, bueno todo se explica, ya que ese “tea room” que habíamos visitado antes se tiene que surtir de alguna parte (además de los eventos privados como el que iba a suceder en el enorme comedor).

Lo que vimos después del comedor fue el enorme, enorme, enorme salon en el cual la familia real podía compartir tiempo entre ellos y con sus invitados. Se dice que fue la reina que quiso que el diseño de estos espacios fuera como “si estuvieran en casa” por eso se ven paredes lisas y no las clásicas que se podrían ver en un yate.

Espacios de la tripulación y el correo

Llegamos a un área destinada para la tripulación, parece como un pub en miniatura bastante acogedora y ahí tienen sacos y gorros de capitán para que los visitantes puedan tomarse la foto, justo después visitamos el área donde la tripulación dormía. Hay que decir que privacidad era CERO. El precio de vivir en alta mar.

Un detalle importante del yate es que tiene su oficina de correo estuviera donde estuviera se podían enviar y recibir correos.

El hospital y la lavandería

Justo al lado de la oficina de correo, algo que no esperaba ver, pero a la vez hace total sentido en un yate de estas dimensiones e importancia: un hospital. Aquí había todo lo necesario para practicar operaciones, camas de convalecencia y un consultorio médico. Así, cuando la tripulación tuviera necesidad podían acudir al médico del yate. El cual cambiaba cuando viajaba la reina en él, ya que en lugar de ser el médico de costumbre cambiaba al “médico real”. De hecho, en una de las camas del hospital nos encontramos de nuevo al osito tierno con el ojo vendado. Ya en ese momento comenzaba a sospechar que me lo encontraría en la tienda de souvenirs.

Otro lugar de importancia para el enorme yate era la lavandería. En ella se lavaban enormes cantidades de ropa, manteles, toallas, etc. Pero, cuando se lavaba la ropa de la familia real, se lavaba solo eso para evitar que se mezclara con lo demás. Una de las anécdotas del lugar cuenta que una vez salió ligeramente teñida de azul la ropa blanca de los oficiales y ufff ya se imaginaran el descontento… después de mucho buscar parece que había un problema de tuberías y una vez arreglado todo volvió a la normalidad… uff alivio para la tripulación.

Y aquí de nuevo: osito tierno en las lavadoras.

El cuarto de máquinas

Nos encontramos en la parte más baja del yate y llegamos hasta el cuarto de máquinas. Una anécdota interesante dice que cuando vinieron a ver el lugar, un funcionario de no recuerdo donde, quedó impresionado por la maquinaria y preguntó: “bien, se ve muy bien esto ahora si ¿podrían enseñarme el verdadero cuarto de máquinas?”, la razón era que un cuarto de máquinas no acostumbraba a usar elementos tan estéticos, y limpios, como ocurría en este. Imagínense la cara de aquella persona cuando le dijeron que no había otro cuarto de máquinas.

Souvenirs del Yate Britania

Llegó el momento de visitar la tienda de souvenirs y ¿ADIVINEN QUIEN ME ENCONTRÉ? Al osito que nos acompañó durante todo el recorrido: se llama Yottie the bear y costaba 16 libras. Ouch. Dolor. Pero después de haberlo visto durante todo el recorrido TENÍA QUE TENERLO hahaha caí redonda y lo compramos.

Además, al salir había una caja en la cual podíamos participar en un sorteo de un Yottie Bear contestando la pregunta de “cuantos ositos viste en el yate” a ver si nos ganamos algo.

Ositos, ositos, ositos

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Olga Grijalva

Soy una viajera y creadora de contenido de viajes con 17 años de experiencia. Mi objetivo es compartir información útil para ayudarte a planear tus aventuras. He visitado más de 40 países y estoy emocionada por compartir mi experiencia contigo.

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